Recordando un poco el proceso de mi formación desde sus inicios llega a mí los recuerdos de aquellos tiempos en la primaria, cuando acudíamos a aquel monstro del conocimiento llamado escuela, donde no sabía que me deparaba el destino, recuerdo algunos maestros, no a todos desafortunadamente, los cuales dentro de su manera de enseñar venían arrastrando todavía la forma en que fueron educados ellos, desde el maestro que nos hacía reír, hasta aquel que nos hizo derramar una que otra lagrima, y en cuanto a las instalaciones de la escuela, bueno pues en ese entonces las aulas no contaban con aire acondicionado ni toda la tecnología que ahora tenemos a nuestro alcance, eran salones con mesa bancos dobles, el pizarrón era para gis, y no había los proyectores para que el maestro nos diera su cátedra con presentaciones y animaciones, en su lugar utilizaba laminas con recortes de acuerdo al tema visto, y de vez en cuando se apoyaban con uno que otro video en formato vhs.
En el transcurso del cambio de una escuela primaria a un nivel superior, como lo es la secundaria, bueno ahí, muy en lo particular, fue mi primer acercamiento con la tecnología, ya que utilizábamos proyectores de acetato, que jamás los había manipulado, era algo nuevo para mí, y algo aún mejor el acceso a mi primer computadora, la cual no sabíamos cuál era el fin de ir al centro de cómputo, pero como todos iban pues yo también. Las instalaciones de la escuela secundaria no se comparaban, en ese entonces, con las de mi antigua escuela primaria, aquí había aparte de los salones de clase, áreas destinadas a cada taller que nos impartían como complemento a nuestra formación educativa. En cuanto a los maestros, bueno al igual que en la primaria solo recuerdo algunos de ellos, “los duros”, aquellos maestros que ahora les agradezco su forma tan rígida de dirigir la clase, los cuales no aceptaban una excusa por no haber traído la tarea, motivo por el cual íbamos a dar directo a la dirección, y al día siguiente, deberíamos llevar a nuestros padres para poder ingresar a la secundaria. Pero también están en mis recuerdos aquellos otros maestros que se esforzaban por que a nosotros no entrara el conocimiento, no nada más entrara y saliera, sino que ahí se quedara, sus clases eran amenas, con ejemplos que nosotros comprendíamos y a manera de diversión, para nosotros, ellos lograban su objetivo, el enseñarnos.
Otro gran cambio en mi vida escolar fue al saltar al siguiente escalón, el Bachillerato, aquel monstro del conocimiento que me había invadido durante mi estancia en la primaria y la secundaria, resulto no ser nada comparado con lo que me esperaba en esta nueva etapa de mi vida, en el bachillerato conocí de todo, desde los maestros “amigueros”, aquellos que al final del curso terminan siendo parte de nuestra vida social, y los maestros invisibles, los cuales terminamos el curso y no quisiéramos volver a verlos en la vida. Pero en resumidas cuentas, todos ellos merecen nuestro respeto, porque ahora entiendo que gracias a ellos hoy estamos aquí, en el intento por superarnos día a día. Recuerdo un maestro en particular, el profe de matemáticas, el maestro más estricto de la escuela, cuidado y te sorprendiera platicando o distraído, porque solamente necesitaba decir una palabra:” ¡Salgase!”, recuerdo que en su materia nadie hablaba si el no preguntaba, raro era el valiente que se atrevía a preguntar algo que no entendió. En contraste, el maestro de química, el profesor más social de la escuela, por cierto aun lo veo de vez en cuando, y cada que tengo la oportunidad no dejo de saludarlo y recordar cada situación que acontecía en el salón de clases con su materia, él se encargaba de guiarnos hacia el saber, a veces no tanto de la materia, pero estoy seguro que daba su saber para tratar de abrirnos los ojos y que no nos desviáramos del camino. Bueno en cuanto a las instalaciones de la escuela, por primera vez estuve en un salón con aire acondicionado, ventanas con persianas para evitar distractores, y computadora en el salón. Los maestros estrictos o no, pero muy bien preparados, dominantes de sus materias y concretos a la hora de enseñar, a excepción de algunos claro, pero en su mayoría eran profesionistas. La manera de evaluar cambio mucho a como estábamos acostumbrados en los niveles anteriores, aquí ya no importaba mucho el andar detrás de nosotros con el fin de cumplir con las tareas, había un poco más de libertad a la hora de decidir si la hacíamos o no, pero pues como todo, al final las consecuencias.
En el siguiente peldaño de mi vida, llegue a la etapa del nivel profesional, el cual a diferencia de todos los anteriores, ya no nos trataron como “niños”, el trato fue desde un principio como adulto. Teníamos con consiguiente que madurar, tanto en nuestra forma de pensar como en la de actuar. La libertad al alcance de nuestras manos, si bien cada quien estudiaba a su ritmo, teníamos que cumplir con los objetivos establecidos al principio de las materias, el maestro actuaba solamente como intermediario entre el conocimiento y nosotros, dándonos herramientas para poder comprender y asimilar dicho conocimiento. Cada uno de nosotros era libre de formamos nuestra propia realidad, y compartirla ante nuestros compañeros, lo cual nos ayudó siempre a formar una realidad en común. Las instalaciones, bueno pues si no eran de lo mejor, poco les falto, al igual que en el nivel anterior, los salones contaban con tecnología de punta, proyectores digitales, computadoras, pizarra electrónica, bancos muy cómodos. Los maestros muy bien preparados, la mayoría de ellos contaban con maestría y cada uno tenía una forma muy particular de enseñar, algunos utilizando técnicas de estímulo – respuesta, otros aunque trataban de no hacerlo caían de repente en el tradicionalismo, donde solo ellos tenían el conocimiento, pero la mayoría eran eclécticos, nos dieron la oportunidad de descubrir, de explorar, de examinar y experimentar con diferentes situaciones en que se presentaran aquellos problemas que nos presentaban.
Bueno con esto concluyo esta breve charla de lo que fue ha sido y será, mi formación académica, espero no haberlo aburrido y si lo logre, no era mi intención. Reciban un saludo y nos vemos luego.